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Un vistazo a la ComicCon 2019

sinergias que pueden surgir en función de qué personajes elijas en cada momento y cómo los combines. Aquel proyecto, ingenioso y ejecutado con mucho gusto, llevaba la firma de Raven Software, un estudio que se ganó una reputación en el mundo de los shooters en primera persona gracias a Heretic, Hexen y, por motivos más cuestionables, Soldier of Fortune; lo mismo X-Men Legends 2 y el primer Marvel Ultimate Alliance. La segunda parte ya fue cosa de Vicarious Visions (otro colaborador habitual de Activision; también estuvo metido Beenox, el estudio de Crash Team Racing: Nitro-Fueled, que se encargó de algún port para Windows), y después de una recepción bastante más tibia (y de unas ventas mucho más discretas) Activision dejó en barbecho una serie de esas que se pueden llegar a agradecer pero que tampoco se echan mucho de menos.
Nada más lejos de mi intención que aburrir con batallitas ridículas, pero lo cierto es que tengo en gran estima los dos X-Men Legends, a los que jugué —previo descubrimiento en el cajón de saldos de un Centro Mail— con atención en su momento. Siempre me ha parecido una fórmula interesante, por lo que tenía de mezclar la accesibilidad del matamata de Diablo con ese puntito de complejidad que aportaban las diferentes sinergias entre superhéroes; una complejidad que, por lo demás, fue haciéndose más secundaria y menos presente 

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